CONTRA LA POBREZA… ¡AYUDA!

Contra la pobreza

Belén es una chica muy caprichosa y egoísta. Montando una rabieta, puede conseguir todo lo que se propone.
Un domingo, su familia y ella iban paseando por la calle y fue cuando Belén se encontró un cartel que anunciaba una feria que se llevaría a cabo ese mismo día y, como sus padres Joaquín y Ana no querían que Belén montara una rabieta allí mismo, aceptaron la idea.
Cuando estaban allí, Belén vio un laberinto de los deseos, llamado así porque todos los deseos que tú pedías se hacían realidad. Al entrar, Belén se puso a pedir cantidades de ropa y juguetes (no sé si os he mencionado que Belén tenía dos armarios de ropa y una habitación entera para sus juguetes). Pero Ana y Joaquín meditaron mucho su deseo…
Y de repente ¡POP! toda la familia iba vestida con harapos roídos.
—¡¿QUÉ HA PASADO CON MI VESTIDO?! —tronó Belén—. ¡Quiero ir a casa YA!
—Tu madre ha pedido un deseo en particular —explicó Joaquín—, aunque bueno, si eso es lo que quieres iremos a casa de inmediato.
Pero ¡POP! cuando llegaron a su hogar, a Belén se le abrieron mucho los ojos. ¡Tan sólo eran cuatro paredes fabricadas con mantas! ¡Y ni siquiera tenía habitación! Debía dormir en el frío y duro suelo. Sólo de pensarlo le daban escalofríos. Y es que en aquel laberinto Ana había pedido, para que su hija dejase de ser tan caprichosa, que todos sus bienes se esfumaran.
Un día encontró por la calle una piedrecita con forma de corazón. Entonces recordó todos sus juguetes y los comparó con esa piedra. Se dio cuenta de lo tonta que había sido y se guardó la piedra de recuerdo.
A Belén le costó muchísimo habituarse pero poco a poco lo fue consiguiendo.
Aprendió a remendar su ropa y a cocinar con lo poco que tenía. Pero sobre todo aprendió que hasta ese día había tenido la vida pintada de rosa, y que hay muchísima gente en otra situación muy diferente, tan diferente que para sobrevivir ha de llegar al extremo de robar.
Otro duro día había llegado a su fin. Belén se preparó para meterse en la cama pero cuando despertó… ¡¡Todo había cambiado!! Estaba en su cama acolchada y llevaba su pijama suave.
—¡Todo ha sido un sueño! —exclamó Belén. Se levantó de la cama y algo rodó por el suelo… ¡Era la piedrecita!—. Entonces… ¿no ha sido un sueño? —se preguntó.
Corrió a explicarles todo a sus padres pero, lógicamente, no lo creyeron.
—Bueno vale, no me creáis —se resignó Belén—. Pero quiero donar la mitad de mi ropa a los niños necesitados. Y también algo de comida y dinero.
Belén ha ayudado, ¿y tú?

Relato escrito por Esther Benito Molano

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)

MACÚ VENCE A LOS PODEROSOS

Macú

Había una niña que se llamaba Macú y tenía 9 años. Su madre era la presidenta del país, pero un día haciendo un viaje con su marido para hacer una rueda de prensa se perdieron en la selva africana.
Como iban a tardar una semana en encontrarlos nombraron a Macú presidenta provisional del país. Entonces ella dijo que quería hacer una ley para que todo el mundo tuviera casa, trabajo, salud, comida…, sobre todo l@s niñ@s. Los ministros y la gente poderosa dijeron que eso no podía ser, porque era algo muy caro. Pero Macú es muy lista e insistente.  De hecho cuando jugaba al ajedrez con el ministro de educación le ganaba todas las partidas. Por eso organizó una macrofiesta en un super hotel de lujo 5 estrellas en la playa que duraría muchos días para los ministros y gente poderosa porque sabía que les gustaba mucho.  Mientras tanto, Macú llamó a su maestra de quinto de primaria para que le ayudase a hacer la nueva ley. La dieron a conocer el 17 de octubre, mientras los poderosos seguían de fiesta en la playa, y los niños organizaron celebraciones en todas las escuelas del mundo por lo que estaba pasando. Unos días después cuando volvieron los ministros y gente poderosa cansados y aburridos de tanta fiesta ya nadie les volvió a hacer caso nunca más.

Relato escrito por Inés Lascorz Notario (9 años)

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)

MALIK Y LA FÁBRICA DE ZAPATILLAS

zapatillas

Malik era el hijo de uno de los sultanes del lejano oriente, por lo tanto, un príncipe. A Malik no le dejaban salir del palacio por su propia seguridad, pero él era demasiado curioso y no podía resistirse. Cuando quería salir se ponía la ropa de uno de los criados de su padre y salía al exterior por uno de sus muchos escondites secretos.

Cuando salía, siempre había gente. Gente comprando, gente vendiendo, gente jugando… pero lo que más le llamaba a Malik la atención era la gente que pedía dinero. En eso no había duda, había más gente pobre que rica.

Malik estaba contemplando la ciudad, cuando vio a un chico. Tenía pantalones harapientos y una camiseta manchada de tinte. Malik, como bien he dicho, era muy curioso y decidió seguir al chico. Cuando ya llevaba un buen rato andando llegaron al destino de aquel extraño: una fábrica de zapatillas. Malik cruzó la puerta y vio que había más de cien niños fabricando zapatillas. Pero no estuvo mucho tiempo mirando, pues un hombre le obligó a trabajar con los otros niños. Malik no sabía cómo se hacían zapatillas y por eso, después de diez minutos, le echaron dándole una miserable moneda.

Ahora ya sabía la situación de algunas personas. También comprendió que aquello era bastante duro y eso que él había estado muy poco tiempo. Eso sí, su camiseta chorreaba tinte. Malik se fue corriendo a palacio, se dio una ducha, se cambió la ropa y se fue con su padre a cenar. Durante la cena le contó a su padre lo sucedido y lo convenció para que cambiara las leyes de su reino y diera un poco de riqueza a los pobres. Su padre aceptó y nunca más trabajó un niño. Ni en una fábrica de zapatillas, ni en ningún lugar.

Relato escrito por Elena Rubio Jiménez (10 años)

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)

MATUMAINI Y MWEMA: ¿QUIENES SOMOS?

IMG_2557

¿Quienes nos acompañan en este proyecto??

¿Quienes son Matumaini y Mwema?

 “Matumaini: Esperanza con los niños y niñas que viven en la calle”

MATUMAINI, es una pequeña asociación Española que trabaja por los Derechos de la Infancia, especialmente los de los más vulnerables.  En lengua Suahili, significa “Esperanza”, en nuestro caso con los niños y niñas que viven en la calle.

Esta pequeña organización nace del sueño de varias personas sensibles y cercanas a la realidad que rodea a los niños y niñas en situación de calle de un pueblo al Noroeste de Tanzania llamado Karatu y que conociendo su enorme potencial como jóvenes, quieren intervenir para mejorar su situación y promover los Derechos de todos los menores que viven en la calle y aquellos en riesgo de exclusión social en países empobrecidos

Creemos, que desde donde estemos, sea cual sea nuestra posición en la sociedad, e incidiendo en nuestro entorno cercano, podemos aportar nuestro granito de arena, para que los más jóvenes y sus familias, aquellos que carecen de lo esencial para desarrollar una vida digna, encuentren mejores oportunidades, y puedan disfrutar de sus derechos con plenitud.

Por ello nos parece una gran oportunidad colaborar en este proyecto y dar voz a estos pequeños por medio del espacio “Niños de Mimbre”. Desde esta ventana serán ellos los que nos cuenten en primera persona, de donde vienen, cuáles son sus sueños, sus problemas, su anhelos…

Siempre con humildad y mucha, mucha esperanza….…..MATUMAINI.

http://www.matumainiepd.org/

Mwema Children, es la ONG local con la que trabaja Matumaini. Es una ONG tanzana de ámbito local, aconfesional y apolítica, que pretende promover los Derechos de los menores que viven en la calle de Karatu y los que están  en riesgo de exclusión social, favoreciendo su reinserción familiar y denunciando su situación ante las autoridades.

Desde 2006 trabajando por y para los Derechos de estos menores, y demostrando que el trabajo bien hecho tiene grandes resultados.

http://www.mwemachildren.org/

YUSUFU CASTELLANO: ESTA ES MI HISTORIA

Yusufu

Quiere seguir estudiando

Vivía en el pueblo de Dawas, municipio de Gonilabi, Distrito de Hanang, Región de Manyara. Nuestra familia es una familia muy pobre de 4 miembros en la que ninguno ha estudiado. Nuestro padre bebía mucho y tenía un comportamiento destructivo, pegaba a mi madre y finalmente la familia se desintegró, marchándose cada uno a buscar su propia vida. Yo me fui de casa cuando nuestra madre y hermanos mayores se marcharon. Me fui a la ciudad donde me encontré una vendedora a quien empecé a ayudarla en su trabajo. Tres meses después,  le expliqué acerca de mi vida y le conté que me gustaba estudiar pero que no tenía a nadie que me ayudara a enviarme a la escuela. Aquella vendedora me dijo que no podía  pagarme los estudios y a pesar de todo continué ayudándola en su trabajo. Después de ir a varios mercados llegamos al Distrito de Karatu donde se encontró con sus amigas, charlaron y después de hablar con ellas me dejó con una mujer que se llama Mama Meri. La primera vendedora continúo con su negocio y después de un mes regresó a Karatu donde después de hablar con Mama Meri, me enviaron al Oficial Ejecutivo del Distrito. El Oficial Ejecutivo escribió una carta para que comenzara la escuela primaria pero no podía asistir a Primaria porque mi edad era superior a la permitida. Mientras estábamos allí apareció el coordinador del municipio quien entró y dijo que para este chico existía un Centro que empezó para chicos y chicas que viven en situaciones de riesgo y se llama Mwema. Me llevaron a Mwema, donde me recibieron bien los profesores y por ello le agradezco mucho a aquella vendedora. Mwema me ayudó en todos los servicios de salud y educación. Y ahora le agradezco a Mwema por ayudarme en mis estudios. Ahora mismo estudio el séptimo curso de educación primaria. Cuando estaba en casa no me gustaba cuando mi padre pegaba a mi madre.

Yusufu Castellano

RUBÉN EMANUEL: ESTA ES MI HISTORIA

Equipo futbol

Desea finalizar los estudios y ayudar a su madre

Nací en el pueblo de Tsamasi en el distrito de Babati, región de Manyara. Yo y mis otros 9 hermanos vivíamos en ese pueblo hasta que mi padre murió en 1998. Después de su muerte seguimos viviendo con mi madre y en el año 2000 comencé a ir a la escuela de primaria hasta completar sexto curso. Después, debido a las dificultades en casa tuve que abandonar la escuela para ayudar a mi familia haciendo pequeños trabajos para ganar algo de dinero para llevar a casa, pues mi madre no lograba conseguir lo suficiente para todos. Comencé vendiendo plátanos, luego trabajé en una tienda de ultramarinos para finalmente acabar en una tienda de reparaciones de bicicletas. Allí estuve más de una año pero lo tuve que dejar. Cuando volví a casa encontré a mi madre y mi hermana con su hijo sin nada que comer. Utilicé parte del dinero que había ahorrado para comprarles algo de comida y el resto para ir a buscar a mi hermano Baraka. Mientras lo buscaba pasé varias noches en las calles de Karatu y Arusha, hasta el punto de no tener nada en los bolsillos pues había agotado todo el dinero en buscar a mi hermano mayor. Finalmente logré encontrarlo, estaba viviendo con mi abuela, me quedé con ellos unos días, desafortunadamente mi hermano no tenía ningún trabajo. Un día me dijo que por qué no nos marchábamos a buscar algún empleo, ganar algo de dinero y regresar a nuestra casa. Conseguimos un trabajo como albañiles de obra y ganamos unos 3000 chelines diarios, lo que nos ayudó a alquilar una habitación en un lugar llamado Juakali (Sol ardiente) en el distrito de Arumeru, Arusha, donde estuvimos unos 3 meses.

Cuando mi otra hermana se dio cuenta de lo que sufría nuestra madre, decidió llevarla consigo a Karatu, de lo cual nos informó. Mi hermana me dijo que yo debía volver a Karatu para buscarme un lugar donde finalizar mis estudios. Me alegró mucho reencontrarme con mi madre y hermana y que me ayudaran a buscar un lugar donde seguir estudiando. Desafortunadamente mi hermana tuvo que continuar después estudiando y nos dejó en Karatu a mi madre, mi hermano y a mí. Entonces me dirigieron a Mwema Children Centre y mi hermano y yo decidimos acercarnos a conocerlo. Mi hermano se comprometió a llevarme a la escuela y pagarme todos los gastos asociados. Afortunadamente fui aceptado en Mwema y comencé en la escuela de Memkwa donde me ayudaron a acabar los estudios de primaria. Tuve suerte y aprobé el acceso a la secundaria para la escuela de Mlimani y sorprendentemente mi hermano me abandonó sin pagarme las tasas escolares tal y como me había prometido.

Entonces se lo expliqué a mi hermana, le pedí ayuda, y viendo que ella no podía ayudarme a pagar la escuela secundaria le pedí que me ayudara al menos con alguna formación profesional. Me dijo que ella no tenía posibilidades de pagarme los estudios, pero que hablaría con Mwema para ver si ellos podían ayudarme, en caso contrario, me enviaría a los exámenes calificatorio (sistema de secundaria que se completa en 2 años) de manera que pudiera complementar los estudios trabajando y ayudarnos mutuamente.

Mi hermana fue a Mwema y pidió que me  ayudaran a cubrir los costes escolares pues nosotros no teníamos dinero. Al principio pareció que mi propuesta no había sido aprobada, lo cual me desilusionó mucho, pero poco después me llamaron para decirme que sí que había sido aceptada y que me prepara para ir a comprar los materiales escolares ¡¡Guau!! Me llené de alegría y le agradecí a Dios ya que había estado muy desilusionado por negarme mi derecho a la educación.

Ahora sigo estudiando segundo de secundaria en la escuela de Mlimani. Agradezco a Mwema todo el apoyo que me han prestado y a mi hermana por su constante preocupación. Me han traído hasta aquí.

Finalmente mi deseo es terminar de estudiar, conseguir un trabajo y ayudar a mi madre a salir de la pobreza.

Rubén Emanuel

PAULO HAMANDOS: ESTA ES MI HISTORIA

Paulo

Es cantante y desea formarse para ser médico

Mi nombre es Paulo Hamandos. Provengo del pueblo de Mbulu, de un lugar llamado la “casa de Nativa”. La historia de mi vida y mi familia comienza cuando tenía 10 años, cuando iba a segundo de primaria en la escuela de Waama. En mi familia somos 6 hijos, yo soy el tercero. Tenemos padre y madre. Cuando estaba en la escuela primaria de Waama empezaba las clases a las siete de la mañana y volvía a casa a las cinco de la tarde. El principal problema que me hizo dejar mi casa fue que cuando les decía a mis padres que necesitaba material escolar básico, no me ayudaban a conseguirlo. Un día me escapé a las calles del mercado de Mbulu. Mi hermano me fue a buscar y preguntó por qué no había ido a clase. Intenté explicarle que no tenía el material escolar necesario para asistir a la escuela. Pero él me pegó durante 3 días seguidos. Yo me preguntaba por qué me pegaba mi hermano si él también trabaja en la calle. Un día fui a la estación de autobuses, subí a un bus y llegué hasta Karatu. Al llegar allí vi a muchos niños yendo de un lado para otro por la calle. Al principio tenía dinero y me pude quedar en el hostal “Milano”, pero a los tres días el dinero se acabó y comencé a buscar algún trabajo que me permitiera volver al hostal. Encontré a una mujer que me preguntó si yo era un niño de la calle. Le dije que no, entonces me preguntó que qué hacía yo con otros niños de la calle. No le pude contestar. Durante aquellos días pude dormir en el suelo de una casa llamada Mama Diana Hotel.  A los tres días, conocí a otra mujer en el mercado quien me dijo que yo era diferente al resto de niños de la calle y me invitó a trabajar con ella. Me enseñó a vender medicamentos para animales (productos veterinarios), a los pocos días me ofreció que vendiera en la tienda de al lado donde vendía comida para animales. Un día iba caminando por la calle con mi amigo Magosho cuando conocimos al Pastor Elisante Mwenegoa quien nos ofreció dormir en un local detrás del molino de Gaspar. En 2005 empezamos a vivir en esa casa y los domingos íbamos a la iglesia con el Pastor. Un día Pastor Elisante nos dijo que conoceríamos por la noche a dos personas de España, Manuel e Inés. Les explicó los problemas que teníamos los chicos de la calle y ellos mostraron interés por trabajar y ayudarnos. Otro día nos llevaron de excursión a visitar el Cráter del Ngorongoro. La casa detrás del molino de Gaspar pasó a llamarse Shalom Street Children Centre, comenzamos a recibir educación sobre la importancia de la escuela. Poco después  comenzó la escuela Memkwa (segunda oportunidad), yo comencé a estudiar sexto de primaria y en séptimo pude unirme a la clase de la escuela pública de Endoro. Una vez completada la escuela primaria pasé a secundaria en la escuela de Ganako. Nuestro centro cambió de nombre de Shalom a Mwema Street Children Centre. Actualmente disfruto estudiando y no tengo NINGÚN PROBLEMA, por lo que ESTOY FELIZ, además soy cantante y en el futuro quiero ser médico. Paulo Hamandos

BENEDICT ZABLON: ESTA ES MI HISTORIA

Equipo futbol (1)

Quiere ayudar a otros niños cuando sea mayor

Anteriormente siempre viví con mi abuela, y desgraciadamente, nunca conocí ni supe nada de mi madre. Cuando crecí y empezaba a entender cosas, le preguntaba a mi abuela quiénes eran mis padres y dónde estaban. Mi abuela me dijo que le tomara a ella como mi verdadera madre, que poco después de nacer mi madre consiguió un trabajo en Serengeti y que después dejó el trabajo y ya no tuvo más noticias de ella. Viví con ella como si fuera mi madre. Cuando cumplí los 5 años le pregunté sobre ir a la escuela, ella me dijo que éramos pobres que qué podía hacer ella para mandarme a la escuela, así que me pidió que esperara más tiempo hasta que pudiera enviarme.

Cuando cumplí los 7 años mi abuela murió y no tenía a nadie que pudiera cuidar de mí. Es cuando empecé a sentir lo difícil que es la vida. Dos años  después, mi tía me acogió en su casa en Karatu. Pensé que las cosas mejorarían pero fue al contrario, fue a peor. Mi tía no quería ayudarme sino utilizarme para sus actividades de brujería. Me utilizaba para repartir caramelos y otra comida embrujada para los niños del vecindario. Yo en su lugar no se los daba y los tiraba por ahí. Poco después mi tía se dio cuenta de que yo no hacía lo que ella me mandaba y me expulsó de su casa. Entonces empecé a dormir en los patios de algunas casas; un día conocí a una mujer llamada Mama Godi, me acogió en su casa y me trató como a otro hijo suyo; poco después Mama Godi conoció el centro de Mwema y me trajo aquí, esto fue en 2009 cuando tenía 14 años.

En febrero del 2010 me encontré con mi tía un día y me dijo que si creía que así me ganaba la vida estaba equivocado, que no serviría para nada. Preferí no tenérselo en cuenta y continuar con mi vida y estudios en Mwema, a pesar de que ella me dijo que no lograría nada en mi vida, yo sé que podré. Hasta ahora sigo estudiando y este año 2011 finalizaré la enseñanza primaria.

Finalmente le agradezco mucho a Mwema por haberme aceptado en su programa, espero recompensárselo estudiando y pudiendo ayudar a otros chicos como yo cuando sea mayor.

Benedict Zablon

NIÑOS DE MIMBRE

NiñoEscribiendo (1)

Viajando con “yo”

A menudo, escribir va más allá de juntar unas pocas letras; a menudo, escribir es mucho más que tomar el conjunto, darle empaque y deleitarnos con el efecto que causa en los demás; a menudo, escribir es mucho más que un camino hacia esa victoria tan poco convincente que señalaba Miguel de Unamuno y que hace enloquecer a ciertas personas; a menudo, escribir puede ser nuestro único camino; una cama caliente en pleno invierno. En un mundo dominado por una falsa socialización, que nos hace contar los contactos por cientos, pero nos empuja a vivir en la más completa soledad, escribir marca la diferencia. Y lo hace porque nos permite entablar dialogo con nosotros mismos, con nuestra propia persona, esa gran olvidada, a la que nunca llamamos para preguntar cómo está. Escribiendo rompemos este muro y recuperamos la plenitud del individuo que toma conciencia de sí mismo. Es entonces cuando comprendemos realmente el poder sanador que esconden las letras.
      Se convierte, al mismo tiempo, en algo muy hermoso de contemplar: leer la voz interior de una persona, sin maquillaje alguno, hablándole al mundo y a sí misma, es todo un regalo. Si la persona es menor de edad, y proviene de un lugar lacrado por la guerra, el hambre o la injusticia social, los matices que adquirirán las letras, el contraste entre el niño y el drama, llevarán nuestra conciencia a un nivel superior. Niños de Mimbre es un espacio que se moverá dentro de esta filosofía. En él, iremos viendo textos escritos por menores de edad en peligro de exclusión social, problemáticos, o supervivientes de situaciones que escapan a la comprensión de nuestra acomodada mente burguesa. También dará cobijo a un buen número de proyectos literarios orientados a la beneficencia, pero, por encima de todo, aprenderemos de la voz interior de estos pequeños grandes héroes, y de su madurez impuesta.  Quiero agradecer desde aquí la inestimable colaboración de Mwema Children y la asociación Matumaini, y en especial la de Cristina García, sin cuya ayuda nada de esto habría sido posible.

 

Rafael Lindem