Mes: noviembre 2014

CONTRA LA POBREZA… ¡AYUDA!

Contra la pobreza

Belén es una chica muy caprichosa y egoísta. Montando una rabieta, puede conseguir todo lo que se propone.
Un domingo, su familia y ella iban paseando por la calle y fue cuando Belén se encontró un cartel que anunciaba una feria que se llevaría a cabo ese mismo día y, como sus padres Joaquín y Ana no querían que Belén montara una rabieta allí mismo, aceptaron la idea.
Cuando estaban allí, Belén vio un laberinto de los deseos, llamado así porque todos los deseos que tú pedías se hacían realidad. Al entrar, Belén se puso a pedir cantidades de ropa y juguetes (no sé si os he mencionado que Belén tenía dos armarios de ropa y una habitación entera para sus juguetes). Pero Ana y Joaquín meditaron mucho su deseo…
Y de repente ¡POP! toda la familia iba vestida con harapos roídos.
—¡¿QUÉ HA PASADO CON MI VESTIDO?! —tronó Belén—. ¡Quiero ir a casa YA!
—Tu madre ha pedido un deseo en particular —explicó Joaquín—, aunque bueno, si eso es lo que quieres iremos a casa de inmediato.
Pero ¡POP! cuando llegaron a su hogar, a Belén se le abrieron mucho los ojos. ¡Tan sólo eran cuatro paredes fabricadas con mantas! ¡Y ni siquiera tenía habitación! Debía dormir en el frío y duro suelo. Sólo de pensarlo le daban escalofríos. Y es que en aquel laberinto Ana había pedido, para que su hija dejase de ser tan caprichosa, que todos sus bienes se esfumaran.
Un día encontró por la calle una piedrecita con forma de corazón. Entonces recordó todos sus juguetes y los comparó con esa piedra. Se dio cuenta de lo tonta que había sido y se guardó la piedra de recuerdo.
A Belén le costó muchísimo habituarse pero poco a poco lo fue consiguiendo.
Aprendió a remendar su ropa y a cocinar con lo poco que tenía. Pero sobre todo aprendió que hasta ese día había tenido la vida pintada de rosa, y que hay muchísima gente en otra situación muy diferente, tan diferente que para sobrevivir ha de llegar al extremo de robar.
Otro duro día había llegado a su fin. Belén se preparó para meterse en la cama pero cuando despertó… ¡¡Todo había cambiado!! Estaba en su cama acolchada y llevaba su pijama suave.
—¡Todo ha sido un sueño! —exclamó Belén. Se levantó de la cama y algo rodó por el suelo… ¡Era la piedrecita!—. Entonces… ¿no ha sido un sueño? —se preguntó.
Corrió a explicarles todo a sus padres pero, lógicamente, no lo creyeron.
—Bueno vale, no me creáis —se resignó Belén—. Pero quiero donar la mitad de mi ropa a los niños necesitados. Y también algo de comida y dinero.
Belén ha ayudado, ¿y tú?

Relato escrito por Esther Benito Molano

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)

MACÚ VENCE A LOS PODEROSOS

Macú

Había una niña que se llamaba Macú y tenía 9 años. Su madre era la presidenta del país, pero un día haciendo un viaje con su marido para hacer una rueda de prensa se perdieron en la selva africana.
Como iban a tardar una semana en encontrarlos nombraron a Macú presidenta provisional del país. Entonces ella dijo que quería hacer una ley para que todo el mundo tuviera casa, trabajo, salud, comida…, sobre todo l@s niñ@s. Los ministros y la gente poderosa dijeron que eso no podía ser, porque era algo muy caro. Pero Macú es muy lista e insistente.  De hecho cuando jugaba al ajedrez con el ministro de educación le ganaba todas las partidas. Por eso organizó una macrofiesta en un super hotel de lujo 5 estrellas en la playa que duraría muchos días para los ministros y gente poderosa porque sabía que les gustaba mucho.  Mientras tanto, Macú llamó a su maestra de quinto de primaria para que le ayudase a hacer la nueva ley. La dieron a conocer el 17 de octubre, mientras los poderosos seguían de fiesta en la playa, y los niños organizaron celebraciones en todas las escuelas del mundo por lo que estaba pasando. Unos días después cuando volvieron los ministros y gente poderosa cansados y aburridos de tanta fiesta ya nadie les volvió a hacer caso nunca más.

Relato escrito por Inés Lascorz Notario (9 años)

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)

MALIK Y LA FÁBRICA DE ZAPATILLAS

zapatillas

Malik era el hijo de uno de los sultanes del lejano oriente, por lo tanto, un príncipe. A Malik no le dejaban salir del palacio por su propia seguridad, pero él era demasiado curioso y no podía resistirse. Cuando quería salir se ponía la ropa de uno de los criados de su padre y salía al exterior por uno de sus muchos escondites secretos.

Cuando salía, siempre había gente. Gente comprando, gente vendiendo, gente jugando… pero lo que más le llamaba a Malik la atención era la gente que pedía dinero. En eso no había duda, había más gente pobre que rica.

Malik estaba contemplando la ciudad, cuando vio a un chico. Tenía pantalones harapientos y una camiseta manchada de tinte. Malik, como bien he dicho, era muy curioso y decidió seguir al chico. Cuando ya llevaba un buen rato andando llegaron al destino de aquel extraño: una fábrica de zapatillas. Malik cruzó la puerta y vio que había más de cien niños fabricando zapatillas. Pero no estuvo mucho tiempo mirando, pues un hombre le obligó a trabajar con los otros niños. Malik no sabía cómo se hacían zapatillas y por eso, después de diez minutos, le echaron dándole una miserable moneda.

Ahora ya sabía la situación de algunas personas. También comprendió que aquello era bastante duro y eso que él había estado muy poco tiempo. Eso sí, su camiseta chorreaba tinte. Malik se fue corriendo a palacio, se dio una ducha, se cambió la ropa y se fue con su padre a cenar. Durante la cena le contó a su padre lo sucedido y lo convenció para que cambiara las leyes de su reino y diera un poco de riqueza a los pobres. Su padre aceptó y nunca más trabajó un niño. Ni en una fábrica de zapatillas, ni en ningún lugar.

Relato escrito por Elena Rubio Jiménez (10 años)

Participante en el I concurso de Relato corto contra la pobreza (Cuenca)