Mes: agosto 2014

PAULO HAMANDOS: ESTA ES MI HISTORIA

Paulo

Es cantante y desea formarse para ser médico

Mi nombre es Paulo Hamandos. Provengo del pueblo de Mbulu, de un lugar llamado la “casa de Nativa”. La historia de mi vida y mi familia comienza cuando tenía 10 años, cuando iba a segundo de primaria en la escuela de Waama. En mi familia somos 6 hijos, yo soy el tercero. Tenemos padre y madre. Cuando estaba en la escuela primaria de Waama empezaba las clases a las siete de la mañana y volvía a casa a las cinco de la tarde. El principal problema que me hizo dejar mi casa fue que cuando les decía a mis padres que necesitaba material escolar básico, no me ayudaban a conseguirlo. Un día me escapé a las calles del mercado de Mbulu. Mi hermano me fue a buscar y preguntó por qué no había ido a clase. Intenté explicarle que no tenía el material escolar necesario para asistir a la escuela. Pero él me pegó durante 3 días seguidos. Yo me preguntaba por qué me pegaba mi hermano si él también trabaja en la calle. Un día fui a la estación de autobuses, subí a un bus y llegué hasta Karatu. Al llegar allí vi a muchos niños yendo de un lado para otro por la calle. Al principio tenía dinero y me pude quedar en el hostal “Milano”, pero a los tres días el dinero se acabó y comencé a buscar algún trabajo que me permitiera volver al hostal. Encontré a una mujer que me preguntó si yo era un niño de la calle. Le dije que no, entonces me preguntó que qué hacía yo con otros niños de la calle. No le pude contestar. Durante aquellos días pude dormir en el suelo de una casa llamada Mama Diana Hotel.  A los tres días, conocí a otra mujer en el mercado quien me dijo que yo era diferente al resto de niños de la calle y me invitó a trabajar con ella. Me enseñó a vender medicamentos para animales (productos veterinarios), a los pocos días me ofreció que vendiera en la tienda de al lado donde vendía comida para animales. Un día iba caminando por la calle con mi amigo Magosho cuando conocimos al Pastor Elisante Mwenegoa quien nos ofreció dormir en un local detrás del molino de Gaspar. En 2005 empezamos a vivir en esa casa y los domingos íbamos a la iglesia con el Pastor. Un día Pastor Elisante nos dijo que conoceríamos por la noche a dos personas de España, Manuel e Inés. Les explicó los problemas que teníamos los chicos de la calle y ellos mostraron interés por trabajar y ayudarnos. Otro día nos llevaron de excursión a visitar el Cráter del Ngorongoro. La casa detrás del molino de Gaspar pasó a llamarse Shalom Street Children Centre, comenzamos a recibir educación sobre la importancia de la escuela. Poco después  comenzó la escuela Memkwa (segunda oportunidad), yo comencé a estudiar sexto de primaria y en séptimo pude unirme a la clase de la escuela pública de Endoro. Una vez completada la escuela primaria pasé a secundaria en la escuela de Ganako. Nuestro centro cambió de nombre de Shalom a Mwema Street Children Centre. Actualmente disfruto estudiando y no tengo NINGÚN PROBLEMA, por lo que ESTOY FELIZ, además soy cantante y en el futuro quiero ser médico. Paulo Hamandos

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BENEDICT ZABLON: ESTA ES MI HISTORIA

Equipo futbol (1)

Quiere ayudar a otros niños cuando sea mayor

Anteriormente siempre viví con mi abuela, y desgraciadamente, nunca conocí ni supe nada de mi madre. Cuando crecí y empezaba a entender cosas, le preguntaba a mi abuela quiénes eran mis padres y dónde estaban. Mi abuela me dijo que le tomara a ella como mi verdadera madre, que poco después de nacer mi madre consiguió un trabajo en Serengeti y que después dejó el trabajo y ya no tuvo más noticias de ella. Viví con ella como si fuera mi madre. Cuando cumplí los 5 años le pregunté sobre ir a la escuela, ella me dijo que éramos pobres que qué podía hacer ella para mandarme a la escuela, así que me pidió que esperara más tiempo hasta que pudiera enviarme.

Cuando cumplí los 7 años mi abuela murió y no tenía a nadie que pudiera cuidar de mí. Es cuando empecé a sentir lo difícil que es la vida. Dos años  después, mi tía me acogió en su casa en Karatu. Pensé que las cosas mejorarían pero fue al contrario, fue a peor. Mi tía no quería ayudarme sino utilizarme para sus actividades de brujería. Me utilizaba para repartir caramelos y otra comida embrujada para los niños del vecindario. Yo en su lugar no se los daba y los tiraba por ahí. Poco después mi tía se dio cuenta de que yo no hacía lo que ella me mandaba y me expulsó de su casa. Entonces empecé a dormir en los patios de algunas casas; un día conocí a una mujer llamada Mama Godi, me acogió en su casa y me trató como a otro hijo suyo; poco después Mama Godi conoció el centro de Mwema y me trajo aquí, esto fue en 2009 cuando tenía 14 años.

En febrero del 2010 me encontré con mi tía un día y me dijo que si creía que así me ganaba la vida estaba equivocado, que no serviría para nada. Preferí no tenérselo en cuenta y continuar con mi vida y estudios en Mwema, a pesar de que ella me dijo que no lograría nada en mi vida, yo sé que podré. Hasta ahora sigo estudiando y este año 2011 finalizaré la enseñanza primaria.

Finalmente le agradezco mucho a Mwema por haberme aceptado en su programa, espero recompensárselo estudiando y pudiendo ayudar a otros chicos como yo cuando sea mayor.

Benedict Zablon

NIÑOS DE MIMBRE

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Viajando con “yo”

A menudo, escribir va más allá de juntar unas pocas letras; a menudo, escribir es mucho más que tomar el conjunto, darle empaque y deleitarnos con el efecto que causa en los demás; a menudo, escribir es mucho más que un camino hacia esa victoria tan poco convincente que señalaba Miguel de Unamuno y que hace enloquecer a ciertas personas; a menudo, escribir puede ser nuestro único camino; una cama caliente en pleno invierno. En un mundo dominado por una falsa socialización, que nos hace contar los contactos por cientos, pero nos empuja a vivir en la más completa soledad, escribir marca la diferencia. Y lo hace porque nos permite entablar dialogo con nosotros mismos, con nuestra propia persona, esa gran olvidada, a la que nunca llamamos para preguntar cómo está. Escribiendo rompemos este muro y recuperamos la plenitud del individuo que toma conciencia de sí mismo. Es entonces cuando comprendemos realmente el poder sanador que esconden las letras.
      Se convierte, al mismo tiempo, en algo muy hermoso de contemplar: leer la voz interior de una persona, sin maquillaje alguno, hablándole al mundo y a sí misma, es todo un regalo. Si la persona es menor de edad, y proviene de un lugar lacrado por la guerra, el hambre o la injusticia social, los matices que adquirirán las letras, el contraste entre el niño y el drama, llevarán nuestra conciencia a un nivel superior. Niños de Mimbre es un espacio que se moverá dentro de esta filosofía. En él, iremos viendo textos escritos por menores de edad en peligro de exclusión social, problemáticos, o supervivientes de situaciones que escapan a la comprensión de nuestra acomodada mente burguesa. También dará cobijo a un buen número de proyectos literarios orientados a la beneficencia, pero, por encima de todo, aprenderemos de la voz interior de estos pequeños grandes héroes, y de su madurez impuesta.  Quiero agradecer desde aquí la inestimable colaboración de Mwema Children y la asociación Matumaini, y en especial la de Cristina García, sin cuya ayuda nada de esto habría sido posible.

 

Rafael Lindem